5776, 500 aC y Uruguay 2015

11/Sep/2015

El País, Leonardo Guzmán

5776, 500 aC y Uruguay 2015

Desde que salga la primera estrella en el atardecer del domingo comenzará el Año Nuevo judío, Rosh Hashaná, que por tradición se celebra en los dos primeros días del mes tishrei, que esta vez corresponden a nuestros 14 y 15 de septiembre. Sonará el shofar -cuerno de carnero-, llamando a la meditación y convocando a reafirmar caminos de justicia, en reverencia a la Creación.
La tradición hebrea fija los comienzos del magma que se hizo suelo y del latido que se hizo Adán, hace tan solo 5776 años. Parece demasiado poco. En su incesante trabajo de revelación científica, la geología y la antropología nos han convencido de que hay millones de años acumulados en la historia de la Tierra y en la evolución que antecedió y generó a la Criatura. Por eso, no podemos tomar al pie de la letra la edad de la Tierra contada en un humilde número de cuatro cifras.
Pero atención: lo modesto del guarismo no debe distraernos del valor de la efeméride mayor de una religión que mucho tiene que ver con nuestras raíces culturales. Tanto, que desde el fondo de los siglos a esa religión le debemos nada menos que los Diez Mandamientos, cuya médula rige hoy a toda ética, por laica y ajena a la metafísica que ella se declare.
Por lo demás, los hechos de actualidad nos obligan a sentir cercanas y actualísimas las angustias iniciales del hombre, reflejadas en la Biblia y en la mitología griega, que nos muestran desde qué espesuras, entre qué misterios y con cuántos sacrificios y martirios se abrió trabajosamente paso la racionalidad socrática 500 años antes de Cristo.
Si cuando, en el Sinaí, Moisés recibió las Tablas de la Ley, el pueblo judío estaba desorientado, presa de la miseria y la desesperación, ¿cómo está la humanidad en este año que -se llame 5776 o 2015- aparece signado por decapitaciones, guerras de religión y miles de muertos en la guerra civil de la inmigración que abochorna a la condición humana, con medias tintas europeas por única respuesta?
¿Y cómo estamos nosotros, inaugurando el nuevo gobierno que votó el pueblo con la amarga confirmación de que no se discuten ideas, no se sostienen convicciones y, en vez, se acata en silencio lo que resuelven corporaciones que la ciudadanía no votó, sobre temas que quedan sin dilucidarse ante la opinión pública, órgano esencial de todo sistema democrático republicano? Así pasó hace diez días en la educación y hace tres días con el TISA.
Saliendo de lo institucional, ¿cómo estamos nosotros, pueblo que supo estar a la cabeza del continente y que hoy tiene suprimida del lenguaje público la condena que merecen los crímenes lejanos y cercanos, que ensangrientan diarios, radios y pantallas ante el ánimo anestesiado por la monserga de condenar las violaciones de derechos de cuarenta años atrás?
Sentir cercanos los orígenes, situarlos en sólo 5776 años y no a años luz de distancia, acaso serviría para recuperar una mirada sensible, capaz de asombrarse e inspirarse con lo bueno y noble, pero también capaz de condenar e indignarse ante todo lo ruin que nos viene emponzoñando la existencia.
Con el bagaje de su mejor experiencia, nuestro país debería impartir lecciones de libertad y tolerancia a un Viejo Mundo aterido por fanatismos religiosos y étnicos. Pero no asumimos esa misión porque hemos perdido conciencia de las tragedias que estamos viviendo.
Y ese es un déficit que no se computa a la hora de discutir el Presupuesto, pero vamos a pagarlo todos.